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Durante la guerra, el ejército imperial japonés estableció y administró una red de “comfort stations”, instalaciones destinadas a proporcionar servicios sexuales a sus soldados. Existieron desde la década de 1930 y se expandieron durante la guerra. Las mujeres procedían de diferentes partes de Asia, especialmente de Corea y China, además de Filipinas y otros territorios ocupados. Los métodos de reclutamiento variaron, pero existen documentos y testimonios que muestran casos de engaño, coerción y traslado contra la voluntad de las mujeres. Las condiciones fueron extremadamente duras. Muchas mujeres fueron sometidas a relaciones sexuales repetidas, violencia, enfermedades y condiciones de vida inhumanas. El número exacto de víctimas sigue siendo objeto de debate histórico porque muchos documentos fueron destruidos al final de la guerra. Por eso es mejor hablar de decenas de miles de víctimas que presentar los 200.000 de la imagen como una cifra absolutamente comprobada.